¿Qué es la huella de carbono?

Igual que cuando caminamos por la playa nuestros pies dejan huella en la arena, lo mismo ocurre con el planeta cuando fabricamos un producto o realizamos determinadas actividades diarias. La diferencia es que, en este caso, la huella no la podemos ver, pero esto no quiere decir que no exista.

Según la Real Academia Española, la definición de la huella de carbono es la «totalidad de gases de efecto invernadero provenientes, por efecto directo o indirecto, de la actividad de una organización». Es decir, la cantidad de emisiones – de estos gases de efecto invernadero (GEI) – que produce el ser humano al fabricar un producto o realizar actividades de lo más cotidianas. 

Literalmente, es la huella que deja nuestro paso por el planeta cuya consecuencia principal son los efectos del cambio climático, de quienes sólo nosotros somos los responsables. Ha llegado la hora de tomar conciencia y comenzar a preguntarnos qué podemos hacer para reducirla. ¡Te lo contamos!

Tipos de huella de carbono

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático lo especifica como un cambio de clima atribuido a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial. Por suerte y definición, está en nuestras manos evitarlo a través de la reducción de la huella de carbono. La pregunta es, ¿cómo lograrlo? Y la respuesta es: depende. ¿De qué? Pues del tipo de huella de carbono de la que se trate, porque, sí, hay más de un tipo. En concreto, tres:

  • La huella de carbono personal,
  • la huella de carbono de producto, y
  • la huella de carbono corporativa

La huella de carbono personal es la que está directamente bajo nuestra responsabilidad, ya que se refiere a los hábitos de consumo de cada persona asociados a las actividades rutinarias como el transporte, el uso de energía en el hogar, los hábitos alimenticios, etc.

La huella de carbono de producto hace referencia a las emisiones de GEI que se producen durante las etapas de extracción de materias primas en el proceso productivo, es decir, la generación de energía necesaria para fabricar un producto, el transporte durante este proceso y el uso por parte del cliente y su tratamiento.

Y, por último, la huella de carbono corporativa, que es la que proviene de las emisiones de GEI relativas a la actividad de una empresa u organización.

Efectos de la huella de carbono

Para ponernos en contexto y ser conscientes de lo que implican nuestros actos, debemos saber que la emisión de los gases de efecto invernadero (estos son, dióxido de carbono, óxido nitroso y otros determinados compuestos fluorados) tiene mucho que ver con el aumento durante estas últimas décadas de las temperaturas en nuestro planeta Tierra.

Uno de los principales motivos de este aumento es el sistema de consumo basado en una economía lineal. Mucho consumir, poco reciclar. La Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible de la ONU propone la promoción de una prosperidad económica compartida, el desarrollo social y la protección ambiental para todos los países. Es una oportunidad para que tratemos de emprender un nuevo camino y unos nuevos hábitos con los que mejorar tanto nuestro entorno, como el de los que vendrán.

¿Cómo podemos contribuir a la reducción de la huella de carbono?

Algunas de las propuestas para reducir la huella de carbono y evitar que el cambio climático continúe avanzando a la velocidad tan desmesurada a la que lo está haciendo son: el fomento de la economía circular, el uso de energías renovables y la reforestación, entre muchos otros. 

Los próximos años son clave para tratar de ganar esta batalla, así que a continuación os proponemos algunas acciones que contribuirían a la reducción de la huella de carbono y que nosotros mismos podemos empezar a implementar desde ya.

Consumir productos de proximidad y de temporada 

También denominados productos de kilómetro cero. El consumo local, es fundamental para ayudar a reducir la huella de carbono en la actualidad.

Utilizar electrodomésticos de alta eficiencia energética

Recuerda que cada pequeña acción cuenta, y al utilizar electrodomésticos de alta eficiencia energética, puedes reducir significativamente tu huella de carbono y contribuir a un medio ambiente más sostenible. Aprovecha las funciones y características de ahorro de energía que ofrecen, utiliza los modos de ahorro de energía y los programas de tiempo o apagado automático siempre que sea posible.

Consumir menos energía y ahorrar agua

Una de las formas más fáciles de ahorrar energía en casa es desenchufar los aparatos eléctricos mientras no los estemos utilizando. También poner la calefacción (cuando sea necesario) en un rango de entre 18ºC y 23ºC –como tope– y aprovechar al máximo la luz natural. En cuanto al ahorro de agua, la manera más eficaz, y que muchos pecamos de no hacer, es cerrar el grifo cuando estamos realizando acciones como fregar los platos o cepillarnos los dientes. De este modo, pueden llegar a ahorrarse cientos de litros de agua.

Recurrir al transporte sostenible

Siempre que sea posible (transporte público, bicicleta y hasta patinetes eléctricos contribuyen a reducir la huella de carbono y mejoran la movilidad en las ciudades). Y, por supuesto, caminar. Cuanto menos cojamos el coche, mejor.

Fomentar las 7 R de la economía circular

Ya que, de este modo, se promueve la optimización de los recursos, la reducción del consumo de materias primas y el aprovechamiento de residuos; ya sea a través del reciclaje, o dándoles una nueva vida. Rediseñar, reducir, reutilizar, reparar, renovar, recuperar y reciclar.

Son muchas más las medidas que se pueden aplicar para tratar de reducir la huella de carbono, sobre todo, relativas a las empresas, pero todas las anteriores son factibles para que cada uno de nosotros podamos empezar a ponerlas en práctica en nuestro día a día. Cada granito de arena, contribuye a construir una montaña.

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