¿Cómo afectan los incendios forestales al planeta? Causas y cómo prevenirlas
28 de agosto
Los bosques, pulmones del planeta, son ecosistemas vitales que regalan aire limpio, biodiversidad y un incalculable equilibrio climático. Sin embargo, año tras año, una amenaza los devora: los incendios forestales. Estos fenómenos, lejos de ser desastres aislados, se han convertido en una emergencia global con consecuencias devastadoras que a día de hoy consumen los bosques, sobre todo, cada verano.
Teniendo siempre presente la salud de nuestras zonas rurales y de la de aquellos que las pueblan y cuidan, desde B100 queremos contarte cuáles son las principales causas de los incendios forestales para poder prevenirlas en el futuro.
Si quieres informarte de qué manera evitar que esta catástrofe se siga propagando y poner tu granito de arena contra la degradación ambiental, continúa leyendo.
- El impacto del fuego en la salud del planeta
- Causas principales de los incendios forestales
- Prevención de los incendios forestales
El impacto del fuego en la salud del planeta
El rastro de un incendio es mucho más que ceniza. Su impacto se extiende a lo largo de las décadas y afecta de múltiples formas a la salud de los ecosistemas y, por ende, a la de las personas. Cuando se habla de incendios forestales, sus efectos se pueden ver reflejados de distintas formas:
- Un impulso al cambio climático: los árboles y la vegetación actúan como gigantescos sumideros de carbono, absorbiendo CO2 de la atmósfera. Cuando un bosque arde, todo ese carbono almacenado se libera de golpe, sumándose a los gases de efecto invernadero y acelerando el calentamiento global. Además, los incendios liberan otros contaminantes como monóxido de carbono y óxidos de nitrógeno nocivos para la atmósfera.
- Pérdida de biodiversidad: el fuego arrasa con los hábitats de miles de especies animales y vegetales. Algunos animales mueren por causa directa del fuego, mientras que otros pierden su refugio y fuente de alimento, condenando a ecosistemas enteros. En muchos casos, especies endémicas o en peligro de extinción desaparecen por completo.
- Contaminación del aire y el agua: el humo de los incendios forestales contiene partículas finas (PM2.5) que pueden viajar miles de kilómetros, afectando la calidad del aire en ciudades y causando graves problemas respiratorios. La ceniza y los residuos arrastrados por la lluvia contaminan ríos, lagos y fuentes de agua potable, poniendo en riesgo tanto a la fauna acuática como a las personas.
- Degradación del suelo y desertificación: las altas temperaturas esterilizan el suelo, matando microorganismos y nutrientes esenciales. El suelo quemado se vuelve más poroso, perdiendo su capacidad para retener agua y volviéndose vulnerable a la erosión. Esto facilita que las lluvias arrastren la capa fértil, dejando un terreno árido y desértico, extremadamente difícil de recuperar.
En definitiva, más allá de la desaparición del paisaje, la destrucción del ecosistema, la pérdida de recursos y el deterioro de la calidad del aire y del agua, con los incendios forestales también se liberan toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Este tipo de consecuencias convierten el desastre en un problema cíclico al convertir el terreno en un lugar proclive a futuros incendios forestales.
Causas principales de los incendios forestales
El riesgo de incendio depende de factores como la temperatura, la humedad o la presencia de vegetación. Es por eso que la prolongación de las sequías, la reducción de precipitaciones y el estrés hídrico crean el escenario perfecto para que una pequeña chispa se convierta en un incendio. Todos ellos, efectos derivados del cambio climático.
Como comenta el bombero y director de la Fundación Pau Costa, Oriol Vilalta, en Aquae Fundación: “el cambio climático hace que la materia orgánica se seque con más facilidad, aumentando así el potencial de propagación de los incendios forestales”.
Causas naturales de los incendios forestales
Las causas naturales de los incendios forestales aparecen cuando las condiciones son más drásticas o, mejor dicho, menos habituales. Las altas temperaturas, la sequedad del suelo o la velocidad y dirección del viento son parte tanto de las causas como de la expansión de los incendios forestales. Por supuesto, esto se agrava en los períodos de sequía.
Causas humanas de los incendios forestales
Si bien un incendio puede ser provocado por una causa natural, como la caída de un rayo, la realidad es que la inmensa mayoría tienen un origen humano. Según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, más del 90% de los incendios forestales están relacionados con causas humanas. Según WWF, “un 55 % de los incendios es provocado y un 23 % es debido a negligencias y accidentes”.
Las causas humanas más comunes de los incendios forestales se podrían resumir en:
- Negligencia: colillas de cigarro mal apagadas, hogueras no controladas en zonas de acampada, chispas de maquinaria agrícola o forestal, quema descontrolada de los rastrojos para preparar el suelo para los cultivos o fuegos artificiales. Hasta el abandono en la naturaleza de objetos como el vidrio, que es un elemento refractario, también puede terminar provocando un incendio.
- Intencionalidad: las quemas agrícolas o ganaderas para la regeneración de pasto e incluso pirómanos, que actúan de forma deliberada para causar daños y representan una causa lamentablemente frecuente.
Ahora bien, el origen de un incendio también puede derivarse de las infraestructuras, como las chispas generadas por las líneas eléctricas o los trenes, especialmente en zonas con vegetación seca.
Prevención de los incendios forestales
La prevención es la herramienta más eficaz y poderosa que se tiene para evitar las consecuencias de los incendios forestales. Detener su propagación, que cada año se lleva por delante la fauna, la flora y parte del futuro de aquellos que viven en las zonas rurales, es una responsabilidad que debe ser compartida.
A nivel individual
- Conciencia y responsabilidad: no tires colillas al suelo ni enciendas fuego en zonas no habilitadas, especialmente en verano. Es algo que debería ser evidente pero, tristemente, a veces se pasa por alto. Antes de disfrutar libremente de la naturaleza hay que pensar en el impacto que pueden acarrear tus actos.
- Limpieza de parcelas: si dispones de un terreno propio, mantén limpia tu parcela o jardín de vegetación seca, especialmente si está cerca de un área forestal.
- Alertar: si ves humo o fuego, por pequeño que sea, avisa de inmediato a los servicios de emergencia. La mejor arma para detener una hemorragia de estas características es alertar cuanto antes a los profesionales.
A nivel colectivo
- Gestión forestal: la eliminación del sotobosque y la creación de cortafuegos verdes ayudan a controlar la expansión del fuego. La limpieza de los bosques es fundamental para evitar desastres futuros.
- Inversión en tecnología: el uso de satélites, drones y sensores para la detección a tiempo es crucial para una rápida respuesta.
- Educación y sensibilización: las campañas de concienciación son vitales para educar a la población sobre los riesgos y la importancia de la prevención. La mejor manera de invertir en un futuro más responsable.
- Reforestación: tras un incendio, es importante reforestar con especies autóctonas y resilientes que se adapten a las condiciones del clima y sean menos inflamables.
- Fomentar el medio rural: permitir el abandono de las zonas rurales no solo lleva a la desaparición de sus pueblos, sino a un paisaje sin gestionar que agrava los incendios. Si la gente del medio rural se ve obligada a abandonarlo y no existe relevo, esos terrenos se quedan desatendidos.
En definitiva, los incendios forestales son un trágico recordatorio de la fragilidad de nuestros ecosistemas. De hecho, no son solo un problema de los meses de verano, sino una amenaza constante que demanda nuestra atención y acción perseverante.
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